Polonia I: impresión general

Junio de 2011. Acabamos de volver de nuestro viaje por tierras polacas y en lo único que podemos pensar es en comprar libros sobre su historia, aprender a preparar las recetas de sus comidas más típicas, escuchar su música y, en resumen, empaparnos de todo lo que tenga que ver con ese país de ensueño.



"Los polacos son muy serios y bordes, peor casi que los rusos, y nadie habla inglés, ni otro idioma que no sea el suyo". Esos son los tópicos que habíamos oído antes del viaje de varias bocas y que no conseguimos entender de dónde salen. Los polacos dicen sentirse muy afines a los españoles y en muchos sentidos lo son. La seriedad y la estupidez deben guardársela para ellos o, tal vez, para otros turistas porque nosotros no vimos ni rastro de ella. Lo de guardarse a las 9 de la noche se lo dejan a sus vecinos. Hablan inglés perfectamente e incluso español. Si les dices una sola palabra en su idioma (gracias, por favor…) automáticamente te dedican la mayor de las sonrisas. Vamos, que por experiencia en estos días, el caracter polaco es el polo opuesto al ruso y al checo.

Los polacos y los españoles nos parecemos, aunque sólo en la parte buena. Las calles de sus ciudades, a diferencia de las nuestras, están impolutas hasta en los pasos subterráneos, aquí generalmente apestosos. Hay infinidad de carriles para bicicletas correctamente delimitados y no invadidos ni por coches ni por peatones. Todos los centros históricos son completamente peatonales y los que no lo son tanto cuentan con unas aceras de kilómetros. Todo con una banda sonora de lujo: maravillosas melodías tocadas en instrumentos de cuerda por niños y estudiantes de todas las edades.

En la capacidad para el perdón tampoco se parecen en nada a nosotros: aunque la invasión alemana durante la II Guerra Mundial acabó con 10 millones de polacos y el ejército nazi arrasó sus ciudades, en la actualidad reciben a sus turistas con devoción, muchos carteles de las ciudades están también en este idioma y comparten una gran parte de sus costumbres. Su facilidad para perdonar no se aplica igual con los rusos, a quienes todavía muestran su rencor sin tapujos. Y es que con ellos sólo comparten alguna que otra sopa estilo Borsch.

Hablando de comida, la gastronomía polaca es rica y variada. La zurek es la sopa más típica y aunque al principio “choque” su mezcla explosiva de patata, huevo cocido, salchicha / panceta / carne y especias está muy rica. Los pierogi, una pasta a medio camino entre una empanadilla española, un ravioli italiano y un dim sum asiático, son un placer para el paladar en todas sus versiones, desde carne hasta arándanos, y, junto al bigos (versión polaca del Sauerkraut alemán) y al Gołąbki (hojas de col rellenas de arroz y con salsa de setas), son de nuestros platos favoritos a nivel mundial. Además, en Polonia ocurre algo curioso: la foto y el precio de los platos en las cartas de los restaurantes dan a entender que éstos tienen un tamaño muy inferior al real, que es, en general, gigante.

La única pega es el agua. Al igual que los alemanes (y otros muchos), parecen no entender que algunos queramos agua sin ningún sabor a nada que no sea el mismo agua y, por ello, es habitual que la sirvan templadita con una rodaja de limón y unas cuantas hojas verdes flotando en ella. Otra versión es la que venden embotellada como agua sin gas y que resulta ser, aunque resulte difícil de creer, agua con gas sin gas; es decir, el mismo sabor repugnante del agua con gas pero sin las burbujas. La cerveza es la mejor alternativa: la Zywiec y la Tyskie las sirven en cualquier cafetería y debido a su baja graduación se pueden consumir a cualquier hora.

¿Qué le falta a Polonia? Carreteras. Y que no haya una subida de precios brutal con la entrada del Euro, cuando ésta se produzca. Polonia es una gran desconocida y, excepto Cracovia (y quizá también Gdansk por el tema de los cruceros), no recibe una gran afluencia turística. Esto, tarde o temprano, va a cambiar y los polacos deben adaptarse a ello alejándose lo más posible del modelo seguido por sus vecinos de la República Checa.

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