Wroclaw

Al finalizar la II Guerra Mundial los aliados acordaron un nuevo mapa para Polonia y sus fronteras cambiaron drásticamente. Así, en los tratados de Yalta y Postdam quedó definido que la URSS ampliaba sus fronteras hasta la línea Curzon y Königsberg. A cambio, la frontera oeste de Polonia se desplazó hasta la línea Oder-Neisse, perdiendo el país en el cambio un 20 por ciento del territorio. La antigua Breslavia alemana pasó a ser la actual Wroclaw (pronunciada algo así como brotsguaf) polaca. Los ciudadanos alemanes tuvieron que abandonar sus casas, que fueron ocupadas por los polacos que, a su vez, habían sido expulsados de los territorios del este.

Los movimientos anticomunistas que se desarrollaron en las siguientes décadas tienen hoy su representación en las calles de la ciudad: enanitos de bronce desempeñando todo tipo de actividades se reparten por el casco antiguo en recuerdo al movimiento anticomunista “Alternativa Naranja”. Cerca de la ópera, se encuentra una impactante escultura que muestra varias personas saliendo de la acera y que es conocida como “los peatones anónimos”. Se construyó en 2005 en memoria de los desaparecidos en diciembre de 1981 tras la introducción de la ley marcial en la ciudad.

Hoy en día, se pueden encontrar en Wroclaw personas de todas las nacionalidades y, en parte, se debe a que es uno de los destinos preferidos de los estudiantes Erasmus. De hecho, la universidad de esta ciudad tiene más de 300 años de antigüedad y de ella destacan los edificios barrocos de la facultad de teología y la iglesia y el museo de la Universidad, donde se puede contemplar el Aula Leopoldina.

El ayuntamiento gótico y renacentista es un edificio único en toda Europa y está ubicado en mitad de la plaza del mercado. Rodeada por bellos edificios, merecen una mención especial las casas de Juan y Margarita (o Hansel y Gretel) unidas por un arco que, según la leyenda, desaparece por la noche para que los amantes puedan estar juntos. Muy cerca de aquí, casi escondidos, encontramos a unos simpáticos compañeros de los enanitos: un conejo, un gallo, un cerdo, una cabra y un pato en bronce rinden homenaje a los animales de granja.

De la esquina suroeste parte otra plaza, la del Sol, donde se pueden comprar flores las 24 horas del día. Y justo desde el lado opuesto, caminando por la calle Kotlarska unos 15 o 20 minutos, se llega hasta el edificio circular que alberga el panorama Raclawice: una pintura de 120 metros de largo por 15 de alto que representa la victoria de los polacos, dirigidos por el General Kosciuszko, sobre los rusos en la batalla del mismo nombre que tuvo lugar a finales del siglo XVIII. Al igual que la del museo Borodino de Moscú, la pintura la complementan una serie de elementos que hacen sentir al visitante en primer plano de la batalla.

En dirección norte, discurre el río Oder, desde donde se divisan las islas de la Arena y de la Catedral en el barrio de Ostrow Tumski, el más antiguo de la ciudad. Tras los puentes sobre los canales, uno de ellos el lugar elegido por los enamorados del mundo para depositar sus candados, se accede a la catedral gótica de San Juan, reconstruida en su mayor parte tras la II Guerra Mundial y cuyas torres se ven casi desde cualquier parte de la ciudad.

Si la ciudad está animada durante el día, en cuanto anochece ya no queda ni un sitio libre en las terrazas, bares y restaurantes de la plaza del mercado y sus alrededores. En algunos, como el situado en un lateral del ayuntamiento, hay hasta cola para probar la cerveza que allí fabrican. Y esto antes de conocer que en 2016 sería, junto a San Sebastián, Capital Europea de la Cultura.





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