Islandia II: datos prácticos

Sólo con leer algunos de los nombres de los lugares que describimos en el post anterior a uno se le queda cada de póker y se plantea “¿cómo carajo se lee esto?”. Efectivamente, el islandés, al menos para los españoles, es un idioma imposible y con aprender el fácil “Takk” (gracias) ya tenemos más que suficiente. Desde los jóvenes de la capital hasta la ancianita que te alquila una habitación en una casa de huéspedes en el más recóndito lugar, los amabilísimos islandeses hablan inglés perfectamente y las informaciones y señalizaciones están en ambos idiomas. Las visitas más turísticas, como el avistamiento de ballenas o el paseo en barco anfibio por Jökulsárlón se hacen directamente en inglés y en otras que no es así, como la de la cueva, rápido te ponen un guía particular que hable este idioma.

En la inhóspita Islandia los trenes no existen, los escasísimos autobuses sólo funcionan en verano y tampoco es que abunden las carreteras. Autopistas no hay, ni falta que hace, todo hay que decirlo. La carretera principal o “ring road”, asfaltada en su mayoría y con un carril por sentido sin arcenes, da la vuelta a la isla en algo más de 1.300 km. De vez en cuando salen de ella otros caminos, generalmente de tierra, hacia las costas o hacia el interior; en este último caso se trata de carreteras “F”, sólo aptas para vehículos todoterreno. Orientarse es muy sencillo: se ve la dirección a la que se quiere llegar y se busca una vía que vaya para allá, como sólo hay una, no hay pérdida posible (excepto en los alrededores de Reykjavic). Ojo con las ovejas que cruzan por donde les cuadra y con los cambios climatológicos imprevisibles, como la niebla, porque cualquier despiste puede desembocar en un accidente que te fastidie el viaje.

Aunque las carreteras están desiertas y los pueblos y ciudades se cuentan con los dedos de la mano, no hay problema en encontrar gasolineras (autoservicio) por todo el camino principal. Eso sí, no te dejes la tarjeta de crédito en casa o en la mayoría de ellas no vas a poder repostar. En Islandia se paga todo, y cuando decimos todo es todo, con tarjeta de crédito, desde la excursión a la cueva en un TPV dentro de una furgoneta, hasta el perrito caliente de 2€ de un puesto callejero. Nosotros llevábamos 100€ en coronas y más euros para cambiar luego allí. Todo volvió por donde había venido. En Islandia, aunque tengan otra moneda, da lo mismo si tienes tarjeta. Bueno, sirve para que sepas si te están tomando el pelo con el precio, si estás dispuesto a pagar eso por una actividad concreta o alojamiento, etc.

Respecto a la gastronomía islandesa, se resume muy rápido: llévate comida de casa y prepárate para unos días de hamburguesas, perritos, etc. Nosotros pensábamos que la comida inglesa (quedan excluidos los deliciosos asiáticos y demás comida no inglesa que se sirve en Inglaterra) era la peor del universo pero no, Islandia lo supera. Las guarniciones no existen, y viendo el color y la textura de las frutas y verduras en el supermercado casi se agradece. Sus platos más famosos consisten en tiburones podridos, cabezas de cordero y queso hecho con vísceras. Y la no tan típica pero sí la que sirven en los restaurantes como menú del día huele peor que la del comedor de un colegio en los 80. Una buena manera de sobrevivir es llevarse unos paquetes de lomo, jamón, queso Pata de Mulo (que aguanta los 10 días sin pérdida de sabor ni textura y sin apestar) y unos colines de España y, para los momentos de necesidad de algo caliente, perritos con todo y hamburguesas. Esto lo sirven prácticamente en todas partes y la verdad es que están bastante buenos. Las patatas que los acompañan llevan una especie de polvos rojos por encima que aunque no está mal al principio luego cansa un poco.

Para los nostálgicos de productos ingleses como las patatas fritas de sabores imposibles, los botes de espaguetis en trocitos o los reeses pieces de Estados Unidos, no hay problema, los tienen en todos los supermercados. También se puede adquirir el Skyr, una especie de plasta de yogur densa como ella sola que viene muy bien por si se tiene poco tiempo o dinero para comer ya que con uno te llenas para todo el día. Una versión más líquida y decente para mezclar con cereales es el Súrmjólk. Conviene saber que aquí toda la leche es fresca, así que o tienes frigorífico o no compres más que la que vayas a consumir ese día o te encontrarás con una “deliciosa” pasta con tropezones. 

Como era de esperar, las bebidas sin gas que no sean el agua del grifo (siempre potable y fresquita) casi no existen. De hecho, hay locales con grandes máquinas expendedoras con mil tipos distinto de bebida y todas tienen gas. Afortunadamente, en algunas se puede encontrar “Edal Toppur” de melocotón y aloe vera, bastante refrescante a pesar de los inusuales ingredientes.





Artículos relacionados:

No hay comentarios:

Publicar un comentario