Cuatro días en Cracovia en diciembre

La belleza de su casco antiguo, el inmenso valor histórico que posee, la simpatía de sus habitantes y las delicias culinarias polacas son motivos más que suficientes para ir una y mil veces a la que fue capital de Polonia hasta 1596.  

En nuestro anterior viaje a la considerada como auténtica joya del país, Cracovia supuso una decepción en comparación con las otras ciudades que visitamos, debido principalmente a la excesiva afluencia turística, y el abuso que esto conlleva. En diciembre, la impresión ha sido completamente diferente. Para ver Cracovia como se merece no hay mejor fecha que el otoño o el invierno, aunque conlleve sobrevivir a 17 grados bajo cero.






Casco histórico

Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1978, la ciudad vieja tiene el privilegio de haber evitado la destrucción a la que se vieron sometidas el resto de ciudades polacas durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial.
  • Plaza del Mercado (Rynek Główny): es una de las plazas de mayor tamaño y más antiguas de Europa. Rodeada por casas de los siglos XIV y XV, en el centro se encuentra el impresionante Mercado de los Paños, donde en la actualidad se pueden adquirir todos los productos típicos de la ciudad (ámbar, pieles, figuritas de madera…). Aquí también se pueden visitar las iglesias de Mariacki, cuyo interior deja sin aliento, y la de San Adalberto, que cuenta con una imagen de la Virgen Negra. Las terrazas que la llenan en el periodo estival en diciembre dan paso a los abetos nevados y al mercadillo de Navidad. El primer jueves de diciembre tiene lugar un espectacular concurso de belenes.


Plaza del Mercado, Rynek Główny, de Cracovia

  • Colina de Wawel: la calle Grodzka une la Plaza del Mercado y la colina de Wawel. Por este camino, antaño ruta real, se pueden visitar las iglesias de los Dominicos,  los Franciscanos, San Pedro y San Pablo y San Andrés. A la altura de estas dos últimas se encuentra la plazuela en la que desemboca también la calle Kanonincza, con casas señoriales renacentistas. Una vez en la colina de Wawel, tras ser recibidos por la estatua del General Kosciuszko, se visitan tanto el patio del castillo como la catedral de San Wenceslao y San Estanislao. En ella se puede subir a la torre para contemplar la campana de Segismundo (la mayor del país) y las magníficas vistas de la ciudad.

Catedral de San Wenceslao y San Estanislao en la colina de Wawel

  • Puerta de Florianska y Barbacana: desde la Plaza del Mercado y alternando por las calles de Jana y Florianska se llega hasta el único trozo de la antigua muralla que aún se conserva (el resto ha sido sustituido por jardines). Y justo detrás, la Barbacana. Muy cerca de aquí, en la calle Szpitalna está el teatro Juliusza Slowackiego. Ya extramuros, está la principal estación de tren, en cuya plaza se ha puesto por primera vez este año un mercadillo navideño y una pista de patinaje sobre hielo.

Barbacana de Cracovia

  • Universidad Jaguellónica: fundada en el siglo XIV por Casimiro III, es una de las más antiguas de Europa. En la actualidad se puede visitar el patio del Collegium Maius que contiene un reloj mecánico que se “anima” cada día a las 11 y a las 13.

Patio del Collegium Maius

Extramuros

La principal diferencia entre Cracovia y las ciudades polacas que tuvieron que ser reconstruidas es que fuera del casco antiguo la primera sigue teniendo plazas y edificios antiguos muy bonitos.

Kazimierz: es probablemente el barrio más famoso de Cracovia por haber sido el asentamiento de los judíos hasta su expulsión en 1939 y también escenario de la película La Lista de Schindler. En la actualidad apenas hay judíos y su fama es la de ser la zona de juerga. Aún así, quedan varias sinagogas (la mayoría museos) e infinidad de restaurantes donde degustar típicos platos judíos. Un paseo por el barrio incluye las plazas de Wolnica y Nowy y las calles Miodowa, Jakuba, Jozefa  y Szeroka. Justo en el lado contrario, en la zona menos frecuentada por los turistas, está la iglesia de San Stanislav.


Cementerio judío en Kazimierz

Podgorze: aunque también cuenta con una bonita Plaza del Mercado, la mayor riqueza de este barrio es su historia, ya que aquí se ubicaba el guetto de Cracovia. Para empaparse de lleno lo mejor es comenzar por el museo donde estaba la fábrica de Schindler (ver página web), dedicado a la ocupación alemana de la ciudad desde 1939 hasta 1945. Junto a algunos objetos del célebre empresario, en este museo se encuentran infinidad de documentos, fotografías y vídeos de uno de los periodos más oscuros de la historia de Cracovia. Tras pasar al menos un par de horas en él llega la hora de ver lo contado en directo. En la calle Lwowska y en la calle Limanowskiego se encuentran dos trozos del muro del guetto. Muy cerca, en la Plaza de los Héroes del Guetto, se puede ver el monumento que conforman varias sillas y que conmemora el lugar donde los judíos esperaban los trenes que les llevarían al campo de concentración de Auschwitz.

Muro del guettoPlaza de los Héroes del Guetto


Excursiones

Auschwitz

En mayo de 1940 las SS fundaron en la ciudad polaca de Oświęcim el campo de concentración de Auschwitz, en principio destinado a los presos políticos polacos. Un año después, a tres kilómetros de este lugar, en Birkenau, se construyó Auschwitz II, cuyo único fin era el de llevar a cabo la “solución final”. En 1945 ambos fueron liberados por el ejército soviético. Durante este periodo se ejecutó a más de dos millones de personas.


La visita al mayor cementerio del mundo no deja indiferente a nadie, en especial cuando se realiza en la época más dura del año y se imaginan con más facilidad las condiciones de vida de los presos.


En primer lugar, tras atravesar la puerta de la que aún cuelga el cartel “Arbeit Macht Frei”, se visita la exposición situada en los barracones de Auschwitz. En ellos se pueden ver desde los documentos e imágenes correspondientes al campo de concentración, hasta los objetos personales de aquellos destinados al campo de exterminio, los que nunca fueron presos del campo.


Las fotos de los primeros presos políticos expuestas en uno de los barracones muestran a personas de todas las edades, recluidas allí por motivos tan simples como escuchar una determinada emisora de radio y cuyas vidas se extinguieron en menos de seis meses.

Los objetos personales de los judíos que se muestran en la otra parte de la exposición sobrecogen el alma: ropa, maletas, gafas y hasta los cabellos que les cortaron antes de incinerar sus cuerpos. Uno de los objetos expuestos que más llama la atención es el billete de tren que debían comprar para ir a Auschwitz, un engaño tan inteligente como aterrador para mantener la farsa hasta sus últimas consecuencias.

En el exterior del campo se puede ver el muro de ajusticiamiento al que eran conducidos los condenados a muerte tras juicios de segundos. También se visita la cámara de gas y los hornos crematorios, perfectamente conservados, y la horca donde fue ajusticiado Rudolf Hoess dos años después de acabar la guerra.

De Birkenau, el verdadero campo de exterminio, se conservan muchas menos instalaciones. Aún así, el hecho de estar en el andén donde se seleccionaba a los que iban a morir en unos minutos en las cámaras de gas y mirar alrededor es más que suficiente para hacerse una idea de la fábrica de muerte que fue durante años.


En el campo de Birkenau se encuentran las ruinas de dos de las cuatro cámaras de gas y varios monumentos conmemorativos. Se pueden visitar, además, algunos barracones de piedra y de madera que aún se conservan.
 


Minas de sal de Wieliczka

A pocos kilómetros de Cracovia, se encuentra el pueblo de Wieliczka, famoso por sus minas de sal, que llevan explotándose desde el siglo XIII. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, las minas tienen una profundidad de más de 300 metros y una longitud de 300 kilómetros, aunque la visita turística se limita a un recorrido de dos horas. En él se desciende hasta los 135 metros de profundidad (más de 600 escalones) y se recorren unos 2 kilómetros entre galerías, cámaras y el lago salado. A lo largo de ellas encontramos varias estatuas de personajes de todo tipo, desde el rey Casimiro hasta el enano cuya barba decide el futuro de las jóvenes casaderas. También hay una galería dedicada a su primer turista: Nicolás Copérnico.

Todo, absolutamente todo (salvo las vigas de madera que sujetan los pasadizos), está hecho de sal. Para los incrédulos, basta con tocar una pared y llevarse el dedo a la boca. Incluso los candelabros, las esculturas y el suelo de la capilla de Santa Kinga fueron excavados y construidos por los mineros en las rocas de sal.

En la actualidad, casi un millón de turistas visitan estas minas cada año, más los que acuden al sanatorio en busca de una mejoría de sus problemas respiratorios gracias al microclima existente en su interior (temperatura constante de 15 grados centígrados).

Cómo llegar
De momento, Ryanair es la única compañía que ofrece vuelos directos desde Madrid a Cracovia, aunque no todos los días de la semana.

Alojamiento
  • Park InnCracovia: está a 15 minutos a pie de la zona de Wawel, justo al otro lado del río. Su principal ventaja es que tiene todas las comodidades de un hotel a un precio asequible (a partir de 70 euros la habitación doble). El inconveniente es que en invierno esos 15 minutos pueden hacerse eternos, sobre todo cuando a partir de las 4 de la tarde es de noche y las temperaturas caen en picado.
  • Apartamentos Pokoje Gościnne Wiślna: sin duda la mejor opción para una escapada corta ya que están a menos de un minuto de la Plaza del Mercado. El único inconveniente es que al ser apartamentos no hay servicio de limpieza y, al igual que todos los bloques de pisos (viejos o nuevos), no tiene ascensor. Se puede reservar también el desayuno, que lo sirven en un restaurante de la calle de al lado y es abundante y rico. Además, para estancias de tres o más noches te recogen en el aeropuerto de forma gratuita (para volver cuesta 15 euros).

Documentación
Pasaporte o DNI.

Moneda
De momento, sigue siendo el zloty.

Idioma
Polaco, pero la inmensa mayoría habla inglés a la perfección y las informaciones de museos y demás también están en ambos idiomas.

Comida
La gastronomía polaca es a nuestro juicio una de las mejores y completas del mundo. Algunos de sus platos típicos son el zurek (sopa con huevo duro, salchichas, patata y setas), los pierogi (especie de ravioli rellenos de patata y queso, carne o setas y col), golabki (hojas de col rellenas con carne y arroz y salsa de tomate o setas), bigos (chucrut con carne, tomate y setas), tortitas de patata… A ello se unen deliciosas ensaladas y las abundantes guarniciones que no faltan nunca. En los mercadillos navideños se pueden adquirir salchichas, codillo, su versión de la morcilla de arroz, con sus guarniciones correspondientes y para comer en la calle, independientemente del clima.
En cuanto a la bebida, aunque la fama la tiene el vodka, es la cerveza lo que más se consume. La Zywiec y la Tyskie son dos rubias ligeras pero con muy buen sabor y textura. En invierno se puede degustar tanto la cerveza como el vino calientes y con especias.

Recomendamos los siguientes restaurantes (en todos excepto Ariel cuesta menos de 10 euros/persona ponerse hasta reventar de comida y bebida):
  • W Starej Kuchni: situado en la calle Tomasza 8, tiene una decoración muy bonita y junto a la comida que se pida ponen un aperitivo muy rico. Aconsejamos la zurek, el golabki con salsa de setas, el bigos y los pierogi. En el número 24 de esta misma calle también sirven unos fantásticos pierogi (hervidos o fritos).
  • U Babci Maliny (la abuela frambuesa): en el sótano de este restaurante con una decoración que parece sacada de la casa de la abuelita que le da nombre sirven todos los platos típicos, entre ellos el bigos dentro de una bola de pan y la chuleta de cerdo rebozada. Un pianista acompaña con su música la velada. Está en la calle Szpitalnia 38.
  • Chlopskie Jadlo: las sopas son la principal especialidad, entre ellas la zurek, servida directamente dentro de un pan. También están muy ricas sus tortitas de patata y el golabki. Está en la calle Agnieski, entre la ciudad vieja y Kazimierz.
  • Ariel: al igual que el resto de los restaurantes judíos de la calle Szeroka está especialmente diseñado para agradar al turista. Aún así, como de todo hay que probar en la vida, es una de las mejores opciones porque la comida está realmente deliciosa. Aconsejamos los dumplings judíos y el plato "Delicacy of Ariel".
  • Para tomarse una cerveza hay multitud de sitios, en sótanos en invierno y en terrazas en verano. En Piwnica Pod Zlota Pipa (Florianska 30) también se puede picar algo mientras que U-Louisa (Grodzka, junto a la Plaza del Mercado) es más un bar de copas.
  • En invierno nada mejor que un chocolate caliente en el restaurante Noworolski Kawiarnia (justo en medio de la plaza), en Pijalnia Czekolady Wedel o sobre el Vístula congelado en Barka Basia.

Ropa para invierno
Botas de nieve, calcetines térmicos, mallas y pantalones de pana, camisetas térmicas, jerseys de mucho abrigo, plumas o similar, gorro, braga y bufanda, guantes sin dedos y manoplas de abrigo (especialmente si eres un apasionado de la fotografía). Si alguna vez vas a Rusia y a Islandia compra unas manoplas y jersey de lana respectivamente y llévatelos a Cracovia.

Artículos relacionados
Web de las minas de sal de Wieliczka

3 comentarios:

  1. Hola!

    Llego a tu blog desde el artículo del país y no puedo decirte más que BRAVO! Has descrito Cracovia muy muy bien. Y has recomendado sitios súper ricos! Yo estuve viviendo un tiempo allá y es verdad lo que dices, verla en otoño invierno es una experiencia preciosa pero muy dura! A mí me gustó mucho más el cambio de invierno a primavera, donde todo empieza a florecer y el río se llena de gente. Así que para la siguiente escapada, te lo recomiendo ;)

    Un saludo!

    Amalia

    www.lecoinblog.com

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  2. ¡Muchísimas gracias por tu comentario Amalie! Tomamos nota de tu sugerencia porque seguro que volveremos a Cracovia algún día :)

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