Vislumbrando Los Alpes: escapada a Ginebra y Annecy

Texto y fotos: Carolina Ramírez del Puerto (@caroldelpuerto)

Ginebra 

Fue un corto viaje que hice hace dos años. Atravesaba por un mal momento personal y necesitaba “huir” junto a mi chico. No sabía adónde quería ir, sólo sabía que tenía que realizar una pequeña escapada. No lo hago a menudo porque la economía no me lo permite, pero me encanta viajar, así que en aquel momento quería ilusionarme con algo.

 Lago Leman, Ginebra

Fue la primera vez que planeaba un viaje de aquella manera: abrí las páginas web de las compañías aéreas de low cost y busqué el vuelo más barato que había en la fecha en que podía irme. Origen: Madrid. Destino por menos euros: Ginebra.

Buscar el vuelo más económico para viajar a precio de ganga… ¡¡¡ERRORRRR!!! Todo el mundo asegura que Ginebra es carísimo, pero yo pensaba: “¡Bah, qué exagerados! También lo dicen de Londres y de París. Yo ya sé que casi cualquier ciudad en Europa es más cara que España, pero no será para tanto…”. Y sí que lo es. Insisto, ¡¡¡ERRORRR!!! ¡Qué barbaridad! Ginebra tiene el McDonalds más caro en el que haya estado nunca.

Antes de viajar a la ciudad suiza, todavía en España, ya me di cuenta de que “la escapadita” no iba a ser tan barata como pensaba: los precios de los hoteles estaban por las nubes. Podríamos haber elegido un albergue o algo así, pero una es un poco sibarita… No viajo a uno de 5 estrellas porque no puedo, pero no me vale cualquier cosa. En definitiva, lo que me ahorré en el vuelo, lo gasté después en el hotel. No especifico precios porque no lo recuerdo, pero ¡de viaje barato, nada!

De Ginebra no hay mucho que resaltar aparte de que es una ciudad cara. No estoy diciendo que sea fea o que no merezca la pena ir a verla (ya sólo por encontrarse a los pies de Los Alpes tiene un paisaje privilegiado) pero en mi opinión lo más turístico o lo más destacable se ve rápido.


Lo mejor, como decía, el entorno. Es imprescindible un paseo en barco por el Lago Leman, primero por las maravillosas vistas, y después para morir de envidia admirando las enormes y preciosas mansiones de los ricachones. La travesía, además, te ofrece la posibilidad de sacar una de las mejores fotos del Jet d’Eau, el famoso chorro de agua de Ginebra.


Muy necesaria también la visita a la Catedral de San Pedro, ya no sólo por la arquitectura del edificio, sino sobre todo por el paisaje que se divisa desde la torre norte: una impresionante panorámica de la ciudad y su lago.

Otros de los paseos que recomiendo es ir al Jet d’Eau para, desde allí, seguir recorriendo después todo el Puente del Mont Blanc hasta llegar al otro lado de la cuidad. Eso sí, una advertencia: entre los barrotes de la barandilla de ese puente hay cientos de arañas, al menos cuando yo fui.

Caminábamos de noche y constantemente me iba apoyando sobre la barandilla para deleitarme con el paisaje nocturno del lago, con las luces de la ciudad, de los faros y del Jet d’Eau. Cuando me di cuenta de que toda la barandilla estaba cubierta por telarañas con sus correspondientes dueñas, ¡casi me muero del susto!

También es de obligatoria visita el casco antiguo con su tranvía y sus tiendas carisísimas. Pero a mí lo que más me gustó de esa ciudad es que sirve “de puente” para llegar a pueblos preciosos, pueblos con encanto: como Annecy.



Annecy

Tan sólo disponíamos de un día para hacer una excursión, así que de todas las opciones disponibles nos decantamos por ese rincón de Francia. ¡Y qué buena elección!



Cogimos un autobús desde Ginebra y en poco más de una hora nos plantamos allí. Nos hizo un tiempo malísimo, llovió casi todo el día. Pero no nos importó porque Annecy es bonito con lluvia, sin lluvia y de cualquier manera.

El casco antiguo es muy pequeñito, así que en un sólo día puedes recorrerlo. Estoy segura de que a las afueras existen un montón de rincones increíbles, más allá de lo que se pueda leer en una guía, pero nosotros no teníamos tiempo para “perdernos”, así que vimos lo más típico del pueblo.


En Annecy las recomendaciones de turismo son fáciles: simplemente hay que pasear por el casco antiguo, por sus canales, por la orilla del Lago de Annecy… y pararse para disfrutar del entorno allá donde queráis. Desde su castillo también obtendréis unas impresionantes fotografías de los tejados del pueblo y sus montañas.


Además de ser un regalo para la vista, en Annecy pudimos disfrutar de la mejor gastronomía francesa (recuerdo una deliciosa fondue de queso) a un precio muy asequible, nada que ver con los costosos restaurantes ginebrinos.


¿Que si volvería a Ginebra? Con los ojos cerrados, aunque sólo sea para repetir excursión a Annecy o visitar otros pueblos alpinos. Chamonix es mi espinita clavada…

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