Una mañana en Ammán

Pasamos una mañana en Ammán, capital de Jordania, visitando los puntos más interesantes del casco antiguo: ciudadela, teatro romano y principales avenidas.

Amman
Vistas de Ammán desde la ciudadela

Cuatro millones de habitantes entre musulmanes, cristianos, palestinos y circasianos pueblan en la actualidad una de las ciudades más antiguas del mundo: Ammán, la capital de Jordania. Aunque el destino final de un viaje a Jordania no es su capital, es a ésta a donde generalmente se llega para iniciar el recorrido. Y disponiendo de tiempo, merece la pena su visita. Nosotros, de hecho, nos quedamos con ganas de más.


La capital de Jordania se extiende a lo largo y ancho de 17 colinas y, exceptuando la zona moderna con sus correspondientes rascacielos de hoteles y oficinas, en todas ellas hay una uniformidad arquitéctonica absoluta. Miles y miles de casas de piedra blanca, de una altura máxima de 5 pisos, con huertos en la calle, enormes cisternas para almacenar y racionar el agua en verano (sólo tienen agua corriente un día a la semana) e interminables escaleras como único medio de llegar a las zonas más altas conforman el paisaje urbano del casco antiguo de Ammán.

Teatro romano


Vistas desde la ciudadela

El gobierno es el encargado de mantener esta uniformidad ya que todas las construcciones del casco antiguo deben tener las fachadas de piedra blanca. El coste por metro cuadrado de fachada es de 8 euros en su variedad más asequible y siendo el salario medio de 800 euros, no todos pueden permitirse la construcción de una vivienda o negocio.

La visita

Para hacerse una idea del antiguo enclave estratégico en las rutas del desierto que era Ammán y de la distribución actual de sus barrios lo mejor es empezar por la Ciudadela, con unas vistas impresionantes de la ciudad.
  • La ciudadela de Ammán es la antigua acrópolis romana y en ella, además de disfrutar de las vistas, podemos encontrar los restos del Templo de Hércules, la Iglesia Bizantina del siglo VII (en restauración), restos de un palacio romano y el Museo Arqueológico de Jordania, con muestras desde el paleolítico hasta el periodo otomano. Lo más destacado son los rollos de Qumrán y varias piezas nabateas. Desde la ciudadela se ve perfectamente el casco histórico, el teatro romano y la colina habitada por refugiados palestinos, que han pasado de las tiendas de campaña de caracter temporal a las mismas casas de piedra blanca que el resto de la ciudad. 
  • Teatro romano: se construyó en los años 138-161 y cuenta con un aforo de 6.000 personas. Como es costumbre en Jordania, se ha reconstruido casi completamente y se utiliza en la actualidad (aunque no para orgías como antaño). En el mismo recinto del teatro se encuentran el Museo del Folclore y el Museo Jordano de Tradiciones Populares, con su pequeña colección de joyas y trajes.
  • Desde el teatro romano encontramos las avenidas más famosas del centro de la ciudad (Al Hashimi) y donde podemos encontrar lo más parecido a los bazares y zocos de otros países árabes, salvando las distancias. Pero si sobra tiempo es sin duda el mejor sitio para pasear. Nuestro guía nos aconsejó, eso sí, que mejor evitar pantalón corto para las mujeres y no entrar ni parar demasiado tiempo junto a las mezquitas, no porque haya pasado nada, pero por precaución dada la situación en la que se encuentran sus países fronterizos.

Datos prácticos

Cómo llegar: hay vuelos directos entre Madrid y Ammán con Royal Jordanian y también numerosas opciones con escala. Si vas por libre lo mejor es mirar con bastante antelación las diferentes opciones según la ruta que tengas pensado hacer ya que puedes, por ejemplo, entrar por Ammán y salir por Aqaba. Al llegar al aeropuerto de Ammán hay que obtener el visado en el mismo control de pasaportes. Pagarlo con tarjeta es la mejor opción (en el aeropuerto el cambio es muy muy desfavorable).

Alojamiento: nuestro hotel fue el Regency Palace, con todos los servicios, ventajas e inconvenientes de un cinco estrellas. Lo mejor, las vistas desde la piscina. Y lo peor, que estaba demasiado lejos para ir andando al centro y cuando intentamos coger un taxi durante casi una hora nos resultó imposible del todo porque estaban todos ocupados (la alternativa es pedirle al conserje que llame a alguno si se está dispuesto a pagar por el trayecto que el taxi haga hasta llegar a recogernos a la puerta del hotel). Eso sí, se puede dar un paseo por la Avenida Reina Alia y tomarse un kebab o falafel sin problemas.

Cómo moverse: hay autobuses pero a no ser que sepas exactamente dónde cogerlo, qué número y dónde bajarte lo mejor es moverse en taxi o a pie en distancias cortas. Aunque la circulación es algo caótica, no tiene nada que ver con otros países árabes y da bastante menos miedo moverse durante las primeras horas. Los semáforos, tal y como nos indicó nuestro guía, son sagrados: si te saltas uno pagas 300 euros de multa, la segunda vez 500 y a la tercera te quedas sin carnet. En las colas a los sitios verás que las mujeres van por libre, es decir, se cuelan libremente y si no lo hacen ellas las dejan.

Qué comer: Jordania es un paraíso gastronómico absoluto. Reúne lo mejor de la cocina de todos sus vecinos más sus propias especiales como el Mansaf (cordero con arroz). Nosotros prácticamente desayunábamos, comíamos y cenábamos lo mismo: ensaladas de todo tipo, hummus, baba ganoush o mutabal, pan de pita... Y de beber, al igual que en el resto de países árabes, agua y zumos naturales.

Agencia: al disponer de sólo 4 días exactos, sin flexibilidad alguna de fechas y queriendo ver en un mismo viaje Petra, Mar Muerto, Wadi Rum, Jerash y Ammán decidimos hacerlo con una agencia local que conocimos en Fitur: La Beduina Tours. Nos organizaron el tour en privado y por mucho menos de lo que habíamos visto en España.

Guía: dado que íbamos con guía (Omar) todo el viaje, en esta ocasión utilizamos la que nos dejaron, "Rumbo a Jordania" de Laerte.

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